Harima
Kenji.
* es muy bueno con los animales.
* usa barba y bigotes para no ser reconocido por
Tenma.
-¡maldita
princesa! –grité molesto. –hoy era mi día ideal para confesarle a Tenma mi amor
y por su culpa nunca podré declararme, ¡maldigo su falta de ubicación, tenía
que perderse justo hoy!
Estaba
en un balcón del hotel, que daba a una sala de juegos con mesa de ping pon y
otras tonterías de entretenimiento. Llevaba lamentándome en soledad unas horas
y la madrugada comenzaba a cansar mis ojos.
-yo
te ayudaré a confesarte. –dijo Tenma
-Q…
¿QUÉ? Tenma… eh… ¿me ayudarás?
-claro,
te ayudaré a practicar.
-¿Cuánto
tiempo tienes aquí? –pregunté.
-acabo
de llegar. ¿Quién te gusta?
-emm…
me gusta…
-¡así
que es Shiina! –se adelantó Tenma. – ¡siempre lo supe! ¡Está bien, te enseñare
como decirle a ella tus sentimientos! la conozco de toda la vida sabes…
-creí
que recién la habías conocido este ciclo escolar…
-un
año… un mes… es lo mismo. El punto es que yo la conozco como si fuera Yakumo,
así que no te preocupes muchachón.
-ese
no es el punto, Tenma… a mí me gusta...
-no
se diga mas. –interrumpió. –a ver declárate a mí como si fuera Shiina.
-e…
está bien. Shiina… me…g…g…g… -me miraba atentamente con los ojos muy abiertos,
no pude evitar matarme de risa.
-¿Por
qué te ríes? ¡Que poco serio eres! –frunció el ceño, molesta.
-d…disculpa.
–dije sin dejar de reírme. –es solo que me es difícil decirte Shiina siendo tu
con esa mirada tan seria.
-bueno,
prueba con Tenma.
-está
bien…. –antes de comenzar a hablar miré su belleza no comprendida. Sus tiernas
colitas que la hacían ver como la menor del grupo, sus ojos perdidos que nadie
valoraba y sus bellos labios. –Tenma… me gus…
-Tenma
me gust…
Tenma…
me gusta…
-¡vamos!
¡Anda! ¡Tú puedes!
-si
no lo hago ahora no podre hacerlo en todo el viaje, la situación es única e
insuperable. –pensé. –tengo que tener valor ahora.
Pensando
esto; la tome por los hombros con fuerza y la mire a los ojos.
-Tenma,
te am…
-tus
ojos me son muy familiares Harima.
-¿eh?
–la solté y me di la media vuelta con rapidez. ¿Cómo pude ser tan idiota
olvidando ponerme los lentes?
-son
unos ojos muy comunes.
-no,
no es que sean comunes… estoy seguro de haber visto esa mirada antes. ¿Nos
conocíamos?
-claro
que no, te conocí en la escuela. Hace un mes. –mentí, hecho un nudo de nervios.
-bueno,
da igual. Ya recordaré, a ver… préstame tus gafas de sol por favor. –me pidió.
-s…si…
-le entregue mis gafas oscuras con curiosidad.
Ella
me dio la espalda por unos segundos, parecía estar armando algo con ellos.
-listo,
oye… sabes… eres una tonta… tu me gustas… si…
-Tenma se puso mis lentes de sol y se había dibujado un bigote y una
barba de triangulo idéntica a la mía. Una vez más comencé a matarme de risa.
-¡que
malo eres! ¿Por quién crees que estoy haciendo esto? –me reclamó indignada.
-lo
siento, es solo que estás loca.
-lo
sé… pero ¿viste como lo hice? ¿No crees que estuve genial? Como tienes una
personalidad ruda y seria, tal vez esa es la manera en la que puedas confesarle
tu amor a Shiina.
-¿puedes
repetirlo? –pregunté intentando poder extender mi charla con ella, que era un
sueño hecho realidad.
-está
bien… mira mis gestos también para que sepas como moverte. –indicó poniéndose
mis gafas.
-¡Maldición!
Solo nótalo. ¿Eres bastante lenta, lo sabías?
-eso
estuvo bastante bien. –admití. -¿sonaría bien si lo hago sobre mi motocicleta?
-eso
sería lo más indicado, tu motocicleta es vital para la confesión.
-además
esas líneas capturan el sentimiento en su totalidad, ella por más que lo
intento no se da cuenta de lo que siento.
-bueno,
lo haré una vez mas y después tu me imitarás. –me ordenó.
-está
bien.
-Es
tan condenadamente obvio que siempre te he querido. –ella movía su dedo índice
acusando de un lado a otro, y sus antenitas en el cabello temblaban al compas
de sus palabras. –al menos escucha el lenguaje de mi cuerpo, ¡nena!
-maldita
sea, esto es una tortura. –pensé. -¿Cómo puedo sobrevivir a esto?
Duré
ensayando una hora más con Tenma antes de que se fuera a dormir, hice lo mismo
pero Yuuto y Mike estaban hablando con fluidez.
-vaya,
por fin llegaste Harima. Estamos hablando de la mayor pena de los hombres.
-Mike…
¿pero qué?... ¿estás borracho? –pregunté al verlo llorar en mi pierna.
-justo
iba a comentarle a el joven Ayase la pena que pasa por mi vida en este momento.
-bueno,
bueno… pero no hace falta llorar en mi pierna. Déjame sentarme.
-como
iba diciendo, no puedo decirles nombres. Porque los nombres son malos para los nombres
mismos.
-omite
decir idioteces de borracho si es posible. –sugerí.
-discúlpame,
es que su nombre es hermoso y no soy digno de decirlo. En fin… nuestras
familias han hecho negocios juntos durante generaciones y arreglaron un
matrimonio entre los dos hace 10 años, pero ahora ella está enamorada de otro.
Y lo peor es que ¡ella no se da cuenta que lo ama!
-¿tienes
contacto con ella? –preguntó Yuuto después de masticar un trozo de carne que
había en su plato.
-algo
así, en realidad ella no sabe que soy su prometido pero aun así sabe que algún
día ella será obligada a casarse.
-que
mala vida, bueno tú la amas… pero ella no te conoce. –dije, comiendo con
indiferencia.
-es
una difícil situación, ¡yo digo que brindemos por ellas! ¡A Harima, porque la
chica que ama no lo toma más que por un amigo y a Yuuto por ganarse el amor
verdadero!
-¡por
Yuuto, el bastardo con suerte! –coincidí.
-¡por
Harima, el futuro señor Johnson! –dijo Yuuto.
-¿eh?
–dije yo sorprendido.
-Haruka
y yo los vimos cenando en un restaurante francés. ¿Sorprendido?
-eso
no significó nada. Solo que tenía hambre y le invité a comer como compañeros
que somos. Sería incapaz de serle infiel a Tenma.
-ya
veo, ya veo… disculpa por malinterpretar entonces.
-Yuuto,
¿Por qué estas tomando? No me malinterpretes pero no pareces del tipo de
persona que se pone hasta atrás con sus amigos. –dije abriendo una de las
muchas cervezas que tenían en una hielera de lado de la mesa donde había estado
comiendo carne.
-Mike
insistió, y no podía dejar solo a un amigo. Aunque por culpa de ese amigo
tuviéramos la cara azul durante 5 horas.
-les
dije que lo sentía. –se defendió Mike. –yo que iba a saber que esa “crema
facial de broma” era en verdad de broma, se veía tan real. Además ya he vivido
el castigo de mi tontería soportando que la gente se riera al verme.
-hoy
fui a un show con Haruka y me llamaron pitufo durante la presentación. –se
burló Yuuto. –debieron ver mi cara, el azul se combino con el rojo y fui
morado.
-pero
azul y rojo no dan morado. –río Mike.
-entonces
es que tengo pulmonía.
Las
carcajadas de mis dos borrachines favoritos me alegraron aun más la madrugada.
Había encontrado amigos confiables después de 3 años de desconfianzas.
A
la mañana siguiente ninguno de los 3 podía levantarse sin desear estar muerto,
Yuuto le envió un mensaje a Haruka diciéndole que hicieran algo ellas solas,
que nosotros ayer habíamos comido carne pasada y que estábamos muy enfermos.
Como respuesta Haruka se ofreció a ayudarnos pero nos negamos rotundamente y
nos tomo una hora que nos dejara solos para poder recostarnos en el suelo y
esperar a que se detuviera.
-Yuuto….
Mátame por favor. –suplicó Mike.
-no…
que cada quien se mate a sí mismo. –dijo Yuuto.
-¿porque
demonios bebimos tequila hecho en Japón? Es una bebida mexicana, ya sabía yo
que era ilógico que hubiera tequila japonés. –mi cabeza se tambaleaba y apenas
podía hablar.
-eso
era veneno de ratas. –dijo Mike. –si algún día volvemos a beber juntos, solo
cerveza. ¿Sí?
-sí.
–dijimos Yuuto y yo al unísono.
Nadie
más volvió a decir nada, yo me quede dormido. Soñé algo muy extraño.
Viajaba por parís en mi
motocicleta, por una carretera cubierta de arboles en espiral, en mi espalda
sentía el abrazo de mi copiloto que se aferraba con miedo a mi.
-no va a pasar nada, no te
preocupes. –dije yo.
-es solo que, no puedo
hacerlo sin ti.
-estarás bien, yo siempre
estaré ahí.
Mi copiloto poco a poco fue
dejando de ejercer presión sobre mi espalda, parecía que había ganado cierta
tranquilidad.
-entonces, ¿me elegirás a
mi?
-claro, nunca lo dudes.
-de acuerdo. Sabía que me
amabas.
-te amo.
Desperté
aturdido, el dolor de cabeza se había disipado pero la confusión del sueño
seguía latente ¿Qué había sido eso? –maldito tequila. –pensé.
Yuuto
y Mike seguían tirados en el suelo, profundamente dormidos. Yo me levanté y
decidí entrar un rato a las aguas termales. Tomé mi toalla y me fui alegre.
El
lugar estaba vacío, los únicos huéspedes éramos nosotros y las chicas no
estaban. Apuntaba a ser un día perfecto para mí; adoraba dormirme en soledad en
el agua caliente.
Entré
a la sección para hombres y me quité la ropa, me metí en el agua y me dispuse a
descansar la cabeza, que aun me temblaba un poco.
-oye
amiga, ¿puedes pasarme un poco de aceite? –pidió una voz femenina.
-¿Qué?
–grité asustado. -¿Qué haces aquí princesa?
-¡Harima!
¿¡Qué haces en la sección de chicas!? Maldito pervertido. –soltó un grito.
-¡ayuda! ¡Ayuda!
-cállate,
escandalosa. Esta es la sección de hombres, ayer entre aquí.
-¿no
lo sabes? Idiota. Las mujeres y hombres cambian de sección un día y un día.
-¡vaya!
¡Rayos! Discúlpame.
-solo
vete.
-no
puedo irme si me estás viendo…
-no
tienes nada que quiera ver, no te preocupes.
Elizabeth
estaba descansando sobre una roca plana, hundida hasta la barbilla ahora que
había dado cuenta de mi presencia.
-date
la vuelta. –le ordené.
-listo.
Ahora largo. –me dijo después de darse la vuelta.
-y
disculpa.
Salí
disparado con mi ropa en mano, cuando me vi seguro; Lejos de los ojos
pervertidos de Elizabeth me puse mis prendas y salí más avergonzado que nunca en
toda mi vida.
Salí
al patio del hotel, con la intención de relajarme en otro lugar. Pues las aguas
termales habían perdido su efecto agradable para mí y necesitaba un lugar
tranquilo para pensar en que novela escribiría ahora.
El
patio era una agradable explanada, con mesitas metálicas blancas para comer. Me
senté en una silla cercana y aprecié el cielo nublado de la tarde.
Escuché
un ruido sordo proveniente de unas ramas cercanas, de ahí salió un perro
pequeño de raza “PUDDLE” con cabello color negro. Un poco sucio pero muy lindo.
-hola
pequeño. –le dije. -¿Dónde está tu casa?
Naturalmente
el perro no me contesto, francamente si lo hacía me hubiera suicidado en ese
mismo momento. Pero amablemente se acerco a mí y se acurrucó en mi pierna.
-esto…
se ve que te quiere.
La
bella hermana de Tenma me miraba con las manos cruzadas. Llevaba una falda de
tela roja y una blusa blanca; Sus ojos oscuros y penetrantes miraban con
extraño interés al animal.
-esta
es tu oportunidad de empezar a llevarte bien con tu nuera. –pensé.
-así
es, supongo que le ha gustado mi amabilidad. –dije con timidez.
-esto…
¿puedo tocarlo?
-no
es mío, claro que puedes. Es callejero.
Lentamente
se acercó para arrodillarse frente a mí y acaricio la peluda cabeza del perro,
este feliz le respondió la caricia moviendo la cola, alegre.
La
chica esbozo una sonrisa emocionada.
-¿Por
qué no has ido con las demás? –pregunté.
-esto…
-dijo tímidamente. –me dolía la cabeza.
-que
lastima que te perdieras el segundo día, ¿eh? Después de todo mañana en la
tarde nos vamos. Por cierto, ¿nos conocimos en el gimnasio el otro día verdad?
–acababa de recordarlo; a esta chica yo le regalé 1000 yenes para comprar jugó.
-esto…
si, gracias por eso.
-no
empecemos de nuevo con el monologo de disculpas. –bromee.
-disculpa.
–me dijo apenada.
Ambos
reímos.
-así
que eres hermana de Tenma. No se parecen mucho, si me permites decirlo.
-esto…
no importa, lo dicen todo el tiempo.
-debe
ser difícil tener el papel de hermana mayor siendo la pequeña, ¿no?
-esto…
algo. Pero me gusta ayudarle a mi hermana.
-que
buena hermana eres.
Hubo
un momento de silencio, yo había perdido el interés en la conversación y ella
parecía entretenida jugando con el perro.
-esto…
ya que es callejero. ¿Por qué no lo llevas a casa? –preguntó extrañada.
-tal
vez lo haga, si él me sigue durante todo el día lo haré.
-esto…creo
que lo hará. Bueno… iré a comprar algo de comer para cuando vuelvan, si gustas
ir a comer con nosotras serás bienvenido.
-lo
siento, Yakumo. ¿Verdad? Pero prometí a Yuuto y a Mike llevarlos a comprar
medicinas en unos minutos.
-no
se preocupe, joven Kenji.
-dime
Harima, no hay problema.
-disculpe,
Adiós joven Kenji.
-que
tímida es. –pensé. –es inusual ver a alguien tan linda con esas
características.
-te
llamarás Boni, ¿de acuerdo? –dije dirigiéndome a mi perro. Que resopló
insatisfecho.
-vamos,
no te pongas exigente… serás Boni y punto.
Lo
cargue y escondí bajo mi chaqueta de cuero para que los empleados no lo vieran
mientras entraba a la habitación donde mis dos amigos seguían inconscientes.
-vamos,
chicos. Tengo un remedio excelente para lo que sienten ahora. La tarde es
agradable y podemos divertirnos un poco los 3. ¡Despierten!
-¿Por
qué demonios hay un perro lamiéndome la cara, Harima? –se quejó Mike. –no me
digas que estuvimos con el anoche…
-no
te preocupes, no somos aficionados a la zoofilia estando ebrios. Comprobado.
–le aseguré. –este perro es Boni y es mi nuevo amigo.
-quiero
morir, mátenme antes de seguir hablando. –exigió Yuuto.
-levántate,
te digo que conozco una cura perfecta para las resacas.
-déjame
adivinar, ¿incluye un arma?
-lo
vez, ¿Haruka? Te dije que ya no quería vivir. –dije jugando. Como efecto Yuuto
se paró de golpe.
-es
broma Haruka, es broma… ¿Dónde está Haruka?
-era
solo para levantarte, vámonos a la ciudad.
Una
hora después ya estábamos en la farmacia, los 3 con lentes de sol para tapar
las ojeras y el rastro en los ojos, compré una caja de aspirinas y tres
refrescos.
-bébanse
dos aspirinas y todo el refresco.
-¿no
piensas drogarnos para después vendernos? –preguntó Mike.
-eso
lo hubiera hecho hace unas horas ya, no te preocupes.
Pronto
nos encontrábamos caminando como estrellas de cine por las calles del monte
TOU, bromeando en las tiendas y jugando como 3 niños.
-es
divertido de vez en cuando hacer algo entre chicos. –admitió Yuuto. –me
preguntó cómo se la estará pasando Haruka.
-estando
con Shiina nada malo le pasara. –explicó Mike. –ellas 3 son como las 3
mosqueteras.
-¿ellas
3? –pregunté yo.
-ya
sabes, Eri, Shiina y Haruka.
-ah…
sobre eso… -buscaba una forma de explicarles que Elizabeth no estaba con ellas.
-miren.
–dijo Mike señalando a una plaza frente a nosotros. –he escuchado que ahí te
dejan comer gratis si puedes comer curry súper picante.
-intentémoslo.
–dijo Yuuto animado. – ¡síganme los valientes!
Cuando
los 3 nos juntábamos no éramos las personas serias que en realidad éramos,
simplemente nos convertíamos en una versión un poco menos llamativa de los 3
brutos. Eran mis mejores amigos; no había duda. Pero necesitaba alguien para
poder hablarle de mis escritos. Alguien con quien pudiera abrirme totalmente
sin avergonzarme.
¿Pero,
a quien podría decirle?
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