viernes, 24 de junio de 2011

Capitulo 4: Elizabeth Johnson

Elizabeth
Johnson.
* puede parecer fría, mimada y superficial, pero es mucho más que eso.
* Shiina y Elizabeth son mejores amigas desde que se conocieron.






– Me gustas, ¿quieres salir conmigo?
RYU RUKAWA de sexto año me miraba con confianza, como diciendo “soy mayor que tu y por eso no podrás resistirte” detrás de él, sus amigos se burlaban.
– Lo siento, no quiero salir con nadie por ahora. –dije con ternura.
– Entiendo… gracias…
Dude un poco y después le pregunté.
– Oye… ¿Qué te gusta más: ¿el estofado o el curry?
– Estofado. –dijo el chico, con mal humor. –Bueno… Me voy… Chao.
Así que era cierto, a los hombres les encantaba el estofado. Ya era el tercero al que le preguntaba lo mismo y la respuesta había sido la misma; caminé con prisa a la azotea, seguida de miradas y bocas abiertas… lo normal.
Cuando llegué Yuuto me recibió con un balde de agua fría:
– ¡Hola, niña bonita! –bromeó el muy imbécil. – ¿cómo lo tomó este ultimo?
– No lloró como el primero, si es lo que quieres saber… pero se fue cabizbajo. –gruñí.
– ¡SI! Me debes 5000 yenes, ¡Haruka!
– ¡Oh, no! – Se lamentó Haruka. – Elizabeth, creo que si fueras más cruel con ellos yo ganaría las apuestas de vez en cuando.
– Lo siento Haruka. –Me disculpé. – prometo que el próximo se arrodillará… oigan: ¿Dónde está Tenma?
– ¿Dónde crees? Se han ido a almorzar solos… ¡yo creí que mi pequeño amigo era del otro equipo pero parece que no!
– ¿Así que la tonta por fin tuvo el valor?
– Algo así. –explicó Shiina, que estaba comiéndose el almuerzo de Totuno mientras este la miraba con lagrimas en los ojos. –de hecho Nobunaga le pidió algo de comida y ella lo tomó por la mano y escapó de aquí.
– Creo que están en los bebederos. –Dijo Martins.
– Esperen, tengo que hablar algo con alguien que está en la puerta, no tardo…  –se disculpó Yuuto.
– Por cierto, Shiina, hablando de puertas: ¿ya les has dicho de las aguas termales?
– Justo iba a comentárselo… ¿Haruka, quieres venir a las aguas termales en 2 semanas? Se los comenté a todas ayer… pero como no asististe te lo decimos ahora.
Haruka esbozó una de sus sonrisas que inspiran ternura y paternidad y nos dijo mientras asentía:
-¿Claro que iré con ustedes, quienes seremos?
– Pues… tu, Shiina, Tenma, Yakumo, Mika, y yo, pero planeábamos invitar a Yuuto –dije yo.
– Eso nos deja con 3 pases. –recordó Shiina. –supongo que no nos va a quedar más remedio que invitar a los 3 brutos por lastima…
– ¿Sabes que estamos aquí, no? ¡Shiina! –se quejó Yamaho.
Yuuto volvió con una mirada condescendiente de un hombre sabio y luego cambio su gesto a confusión.
– ¿Qué les pasa? – Preguntó.
– Yuuto, en dos semanas iremos a las aguas termales todos juntos ¿de acuerdo? –gritó Haruka como si estuviera molesta.
– S…Sí… seguro.
Me fui una hora antes de la escuela, estaba de un inusual buen humor porque había arreglado una cena con mi padre después de casi un año de solo verlo de vez en cuando al despertar en la casa, si lo que Tenma y todos los demás habían dicho era cierto: el estofado le encantaría a mi padre y podría impresionarlo como cuando niña.
Entré al supermercado y pasé una hora y media seleccionando ingredientes: carne, papas, zanahoritas y todo tipo de aditamentos. Cuando me disponía a salir un aguacero cayó, –estúpido e impredecible clima japonés, extraño los ángeles. –pensé, ya que había olvidado mi paraguas; pero no importaba… si me iba corriendo llegaría en menos de 5 minutos a casa y así no me mojaría tanto. Salí de la tienda a toda velocidad con una sonrisa de oreja a oreja, me sentía como niña de nuevo corriendo en la lluvia, pensando en cómo preparar lo que recién había comprado.
-¡Elizabeth! –gritó alguien a mis espaldas, era un auto negro muy antiguo y lujoso: era mi padre.
Naturalmente me dispuse a subir al vehículo para ir a casa a su lado, pero papá solo bajó la ventanilla de la parte trasera.
-Hija, tengo que irme por negocios a Estados Unidos unos meses, por lo que la cena la dejaremos para cuando vuelva ¿está bien? Y recuerda que cuando cumplas 18 tu tiempo se habrá agotado, disfruta estos 3 meses, y vete a casa ya… que te puedes resfriar; adiós.
El coche arrancó y con el acelerón levanto un charco gigantesco que me mojó las calcetas a tope pero eso no era lo que me importaba; mis ojos se pusieron vidriosos y la lluvia aumentó su potencia. Mi cara estaba hecha un charco y me alegraba: así no se verían mis lágrimas.
Las gotas de agua retumbaban en mi cabeza como balas de cañón. Pero pronto el estruendo se detuvo.
– No seas descuidada, puedes resfriarte. –me riñó alguien con rudeza; Al volver la mirada, un hombre moreno y de aspecto intimidante me miraba con indiferencia.
Era Harima Kenji, solo habíamos hablado una vez: hace dos semanas antes de que dejara de ir a la escuela. Y aun así ahí estaba.
– Lo siento, olvidé mi paraguas. –respondí con timidez.
– Vamos, te llevaré a tu casa. –Me ordenó extendiendo su gran brazo para cubrirme.
– Gracias… -murmuré avergonzada.
Caminamos en silencio unos minutos, me sentía aturdida y estaba muy confundida.
– Oye… ¿Qué prefieres tú, el estofado o el curry? –interrogué
– El curry. – Contestó, sin pensarlo mucho.
Las lágrimas y la tristeza que sentía fueron reemplazadas por una extraña e incómoda sensación de gratitud y calidez.

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